sábado, 8 de mayo de 2010

ENCARCELADOS

Una visión en la Educación Física

“La libertad, la mayoría de las veces, no es para el hombre más que la facultad de elegir su esclavitud.”

Gustavo Le Bon

1. Introducción

Actualmente se torna imposible querer otorgar soluciones radicales a los ingentes y complejos problemas cotidianos. Tras un ritmo acelerado y nuevas dificultades, ha menester procurar brindar herramientas de entendimiento a interesantes temas como las concepciones que sobre instituciones de control –especialmente la cárcel– pueden o existen en el grueso social. Probablemente habrá miras satisfechas de lo que hasta ahora se ha venido considerando prudente para castigar y que ingrese en el ámbito de lo que se denominaría civilizado. Pero, pueden también existir características encubiertas de un fenómeno que tiene una solvencia relativa (la cárcel como sistema de castigo).

Esa inmarcesible fluctuación impele más bien a revalorar todo cuanto sea posible; el complejo e inusitado comportamiento humano que se alimenta natural y propiamente de las dinámicas de cada contexto, el “hecho innegable del pluralismo” Rawls–. Los sistemas de control y disciplinamiento que de otra parte, al amparo de una lógica absoluta, encasillan esa misma mundividencia; el saber, saber hacer y el ser.

Una gran suma de problemas sociales adquieren solución confinando, claustrando y restringiendo a sus gestores en la cárcel, parafraseando a Foucault, “cada vez más, impera la lógica de castigar para corregir” y, dado que el valor de la libertad es infinito, cercenar esa posibilidad constituye gran sanción.

En este sentido, corresponde preguntar ¿de qué manera tal condición infravalora los deseos, los anhelos, las posibilidades? Además, elucidar los cambios que han permitido consolidar dichos lugares. Naturalmente, ya se han sentado innegables y sensatos referentes, particularmente los análisis que M Foucault al respecto evidencia.

Siendo el horizonte de interpretación es la educación física, no obstante, surjan otros discursos, el interés pasa por esclarecer al amparo de algunas teorías, el concepto de cuerpo y, asimismo, sus formas de vivirlo, relacionarlo, desarrollarlo, tanto en un plano simbólico como material, o sea, el tipo de prácticas corporales que allí perviven procurando contrastar con las que se suscitan en otros contextos o escenarios.

Conviene señalar la importancia de los discursos que alrededor del cuerpo emerjan, de cara a comprender esas denominadas por Foucault relaciones de poder a través del cuerpo, que se vienen gestando en las cárceles del Meta, más concretamente Acacias.

2. Planteamiento del Problema

Toda convicción es una cárcel

Nietzsche.

Es curioso seguir la pista a temas que en particular han ocupado sesudas reflexiones en algunos pensadores. Pero, un poco de historia refrescará la memoria y permitirá cuestionar si lo que se hace contribuye a desentrañar la práctica educativa.

Valga recordar, una vez más, que para dar sentido y consistencia a lo que configura la realidad hay que atreverse a romper convicciones que paralicen el fabuloso acto de preguntar.

Como corolario, es preciso develar ¿Qué es un sistema penitenciario, cuál es su intención y objetivos? De cara a instar a la reflexión sobre aquello que, dado dentro del sistema penitenciario, no queda esgrimido con propiedad y que constituye el eje de preocupación con base en el cual se afronta el proyecto.

Tras esta digresión, procurando abordar las preguntas esbozadas, se entiende por prisión el “lugar donde la gente es confinada y privada de gran parte de sus libertades. Las prisiones por lo común son instituciones autorizadas por los gobiernos que forman parte del sistema de justicia de los países. También pueden ser instalaciones para contener prisioneros de guerra”[1]. La concepción de sistema penitenciario puede variar según situaciones y contextos; grosso modo sería según el Artículo 1 de la Ley 55 de 2003 el conjunto organizado, funcional y estructurado de elementos normativos, técnicos y científicos que definen la naturaleza de los centros penitenciarios”[2].

Su intención pasa por “Planificar, organizar, administrar, coordinar, supervisar y dirigir el funcionamiento de los diferentes tipos de centros penitenciarios existentes (…) dentro del marco del respeto a los derechos humanos, los principios de seguridad, rehabilitación y defensa social, y la aplicación de los avances científicos en su gestión (…) en atención integral, satisfactoria a la población privada de la libertad”[3].

“Pero la prisión, la cárcel, centro de reclusión o como se le quiera llamar, es mucho más que eso, es una institución presente en todos los estratos y lugares, resulta ser una especie de –coco– moderno al cual se ha acostumbrado la sociedad y con la cual se amenaza cada vez que se incumple una norma establecida. Es una institución en donde se priva al ser humano de su libertad como consecuencia de actos que nunca debió cometer. También goza desgraciadamente de ser un lugar donde es palpable toda clase de violencia, desprecio y desidia que ha conocido el ser humano”[4]

Reafirmando lo anterior, a menudo el objetivo de la cárcel muda; las épocas, el avance del pensamiento, las técnicas de castigo, los delitos, etc., pasan a adquirir características del todo ingeniosas. No obstante, éstos acuden a principios como la protección, disuasión, rehabilitación, prevención.

A primera vista, supone únicamente indicios correctivos, entonces, ¿De dónde le viene la facultad para vigilar y castigar? Seguramente, al decir de Foucault, de la herencia en los métodos de castigo que para cada caso son inusuales. De una parte supliciando el cuerpo y modernamente, –aunque tal vez pervivan vestigios– a través de la “ortopedia mental”.

Fue probablemente, con base en convulsos sucesos –revoluciones–, como se abrieron paso formas de control social. Así que, naturalmente, es preciso volver a Foucault una y otra vez, en el esfuerzo de atisbar lógicamente los desafíos que supone castigar (los suplicios de los condenados) y comprender de tal suerte nuevas o inveteras formas de –infligir– poder.

Con ello en mente, determina el sentido de la propuesta, un interés enteramente hermenéutico, desde lo contemplado en particular como –hermenéutica corporal– pues, partiendo del análisis de discursos y/o teorías que validan el hecho de la sanción social podremos contemplar la incidencia de las relaciones de poder en las prácticas corporales implícitas en la cárcel.

Cuestiones de hecho cargadas de significado, con sentidos o motivaciones altamente diferentes, que, a lo mejor, vienen determinando el qué, el cómo, el por qué, el para qué y, entre otras cosas, los limites de las mismas, pues cada movimiento tiene que estar minuciosamente estudiado[5]”.

Como se ve, es insoslayable conocer profundamente conceptos como; poder, cuerpo, libertad (…) ya que son indicativos que desentrañan ¿Por qué se llaman antisociales? ¿De qué maneras se re-formar un sujeto? ¿Constituye una auténtica solución este tipo de aislamientos? ¿Puede, situaciones conflictivas dar paso a saberes de especial complejidad?

Con todo y lo anterior, las prácticas corporales que pueden allí darse, son clara evidencia de que a la educación física le preocupa ya no exclusivamente remedar al deporte –la visión tecnocrática, cuantitativa y eficientista, representada por la metáfora cartesiana L'Homme-machine de La Mettrie– además de ello, se arroba desde vertientes cualitativas –ciencias sociales–, a investir con sentidos alternos, es decir, menos totalizantes y positivistas, las representaciones o imaginarios del cuerpo, concepciones toda vez más polivalentes, que probablemente, impulsan a concebir nuevos usos del cuerpo en la modernidad, sobremanera en espacios restringidos.

Es así como, la propuesta pone en escena discursos y/o visiones de hombre y mundo, sin querer sentar precedentes, sino reconociendo que las maneras de ser cuerpo o llevar el cuerpo, obedecen a mecanismos hegemónicos y contra hegemónicos, a ideales que anhelan liberar o docilizar sujetos, a proclamas en los que a menudo la razón juega un papel determinante –el avance de la ciencia y la técnica– en lo cual, las prácticas corporales exploran un territorio probablemente desconocido, aquel de las emociones, la sensibilidad, la creatividad y la estética.

3. Justificación

Aproximación al concepto de cuerpo.

“La búsqueda de todo lo problemático y extraño que hay en el existir, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral”[6], fundamenta el acto hermenéutico. Esta mirada, orientada hacia el cuerpo, permite develarlo; en su angustia, desamparo, fragilidad, desesperación o acción. Asumir esta visión exegética permite, “explicar el cuerpo como un valor emergente, afianzador de la personalidad y susceptible de metamorfosis”[7].

El cuerpo, es un escenario indefinido, refugio a la identidad, fenómeno. A ello Lola Salinas, aduce, “el cuerpo es un constructo social, pues allí adquiere expresión, sentido, significado, expresiones del todo variables, sujetas a procesos de reflexión[8]”. Valdría preguntar si en realidad los sujetos privados de libertad son sujetos intencionales.

Cuando Foucault en, –la Verdad y las formas jurídicas– corrobora que, “(…) las prácticas sociales pueden llevar a engendrar dominios de saber que no solo hacen que aparezcan nuevos objetos, conceptos y técnicas, sino que hacen aparecer además formas totalmente nuevas de sujetos y sujetos de conocimiento. El mismo sujeto de conocimiento posee una historia”[9]. En cierto sentido, inerte está, aquél, que desprovisto de posibilidades, se perciba inactivo en el mundo social. Ateniéndose a ello, podría, quien se le suprime la libertad, estar inhibido de crearse sujeto o bien, acude a maneras mayormente complejas, pero toda vez invisibles.

Es imperioso prestar atención a lo que el cuerpo mimetiza, sus expresiones, la miríada de interpretaciones que aviva su examen. Al respecto, Planella insinúa, que las personas desean ser lo otro, ser otro, investirse con significados sui generis, pues, inconformes con el cuerpo que encarnan desean transformarlo. Sugiriendo prácticas como: “escribir y marcar la piel, el cuerpo protésico y cuerpos posthumanos”[10]. Esta cultura invasiva que idea la trasformación voluntaria del cuerpo, permite ponerlo en el escenario de la subjetividad.

A estas digresiones conducen distinciones de cuerpo como: (körper-Leib)

“El primero es un cuerpo dócil, disciplinado, cuerpo que puede ser materializado sencillamente y erigido a imagen de una sociedad que define qué espera a priori de los cuerpos. Leib, por su parte, es aquel que, puesto en escena, da auge a su dimensión subjetiva, simbólica, existencial y relacional”[11]. Aquí, el cuerpo no es un fin en sí mismo, se representa mediante marcas, modas, implantaciones (…) que develan identidad.

Hermenéutica corporal propugna rescatar el concepto de cuerpo Leib; por su latencia y sus flamantes manifestaciones. Al respecto, conviene decir lo imperioso que es en la perspectiva de Planella “educar el cuerpo desde la cultura”[12], de modo que difiera naturalmente de lo que Martínez Calvo data “aquel cuerpo sitiado y situado”, refiriéndose a la escolarización corporal ordenada.

Puede, probablemente esta forma de ser cuerpo manifestar la oportunidad de comunicar, de subjetivar, de madurar y educar en vista de sí propio, empero, seguramente para el caso del preso por la connotación de castigo, siempre va a ser un sujeto corpóreo supeditado, negado, etc.

A partir de allí, la idea pasa por interpretar, los modos en que este tipo de relaciones –prácticas corporales– son posibles, así como, los sentidos o maneras en que se convierten en elementos de poder.

4. Marco teórico y estado del arte.

Marco teórico y estado del arte.

No es empresa fácil penetrar en el análisis de las posibles prácticas corporales ideadas en prisión, como maneras de encarnar, imaginar y modelar el cuerpo. La complejidad nace en el mismo momento en que la sociología y la antropología conquistan muchas veces el campo de la educación física por lo menos en espacios enteramente teóricos.

El imaginario corporal responde las más de las veces a la concepción clásica y medieval del cuerpo, destacan entre ellos, Platón y Descartes con las metáforas “cuerpo como cárcel del alma – cuerpo-máquina” distinciones somáticas que legitiman el dominio positivista y orgánico otrora y ahora, creando en buena parte su disposición social. Asimismo, otras formas de distinción social ocuparon el ámbito filosófico de occidente, una carga fenomenológica, hermenéutica, estética; ofreció un universo simbólico, y contemplo el cuerpo como una “construcción”, valores corporales que dificultan la mirada reduccionista y lo sitúan como fenómeno comprensible, inacabado y sorpresivo.

Históricamente, concepciones de una u otra parte, totalmente inspiradas por características de diverso rigor, por dinámicas socio-culturales y seguramente por la eterna pregunta ¿Qué es el hombre?, que en cierto sentido son referentes indiscutibles para dar paso a nuevas perspectivas.

Para reflexionar ¿Qué concepto de cuerpo circula en la prisión de parte de los guardias o presos? ¿Qué tipos de experiencias corporales –intervenciones– brinda o posibilita la prisión? ¿Qué concepción de cuerpo subyace en estas intervenciones? ¿Deviene esta concepción de discursos hegemónicos del cuerpo? ¿Qué relación existe entre la cultura corporal social y la carcelaria?

Habrá que asistir a líneas de lectura que por su importancia y autoridad refuercen u ofrezcan formas de pensamiento determinados por defender sin excesos una clara tendencia interpretativa, hipotética, figurada, desde la que se pueda tomar conciencia y analizar en sentido profundo el cuerpo.

Con esta condición, la mirada que, a pesar de ser desde la educación física, no estará exenta a la interdisciplinariedad, asunto difícil, que significa un aporte de erudición como acicate a desenvolver un tema de suyo complejo y escapar a posiciones deterministas. Se expresa en la necesidad de promover reflexiones que desde los sujetos de análisis en primer lugar y lo anterior, establezcan herramientas de comprensión relativos a la realidad carcelaria actual, especialmente en Acacias “Meta”.

Centrándose pues, en este horizonte teórico y, concretamente, acerca del tema de la propuesta, Foucault ve en el poder una red en movimiento que, desde lo minúsculo analiza el cuerpo y, en ejercicio, alcanza el conjunto de interacciones humanas produciendo, generando y creando sujetos.

Las estructuras de poder, se despliegan según J Tamarit en los ámbitos “político, económico e ideológico que constituyen espacios específicos en permanente relación aunque pueden actuar independiente. No obstante, en los ámbitos político y económico existe cierta correspondencia[13]”.

En Nietzsche, la voluntad de poder infiere, procesos de conquista y conservación positivos a la vida, su idea de poder se funda en el hecho de que el saber deviene del poder, es deudor de su potencia y facultad. La verdad, vendría a ser su engendro, así, normaliza o racionaliza los sujetos disciplinando desde la cultura, esto es, lo que en Foucault se conoce como sujeto y verdad.

A este propósito, A Gramsci acuña el concepto de hegemonía para designar,

“todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida: nuestros sentidos y dosis de energía, las percepciones definidas que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. Es un vívido sistema de significados y valores –fundamentales y constitutivos- que en la medida en que son experimentados como prácticas parecen confirmarse recíprocamente. Por lo tanto, es un sentido de la realidad para la mayoría de las gentes de la sociedad[14]

L Altrusser desarrolla la idea de Gramsci, considera que la hegemonía se mantiene y se construye a través de la acción de los aparatos ideológicos del estado (Instituciones culturales, nTics, partidos políticos, el ejército, las fábricas, la religión, la escuela, etc.,)

La cárcel, se muestra como el escenario par excelencia en el que se cumplen funciones ideológicas y reproductoras, “Lo fascinante de las prisiones es que, por una vez, el poder no se oculta ni enmascara, se muestra como tiranía en los más mínimos detalles[15]”. Tiene un carácter formador, normalizador, moralizador, esquemático destinado a incorporar en el sujeto la noción de docilidad–utilidad; a través de lo denominado por P Bourdieu como hábitus. Es decir, “aquello que se adquirió, pero que se encarnó en el cuerpo de manera durable bajo la forma de disposiciones permanentes (…) Y de hecho es un capital que, siendo incorporado, se presenta con las apariencias de algo innato[16]” que asegura ésta reproducción de forma diversa según las exigencias que califican o cualifican la prisión.

El hábito siempre está disponible, presto a cualquier exigencia, permanece, ordena el saber, dispone las fuerzas con arreglo a destrezas o habilidades que demande la situación, por tanto, legitima prácticas que responden a distintos proyectos. Lo que es más importante, es considerar las maneras de compartimentar lo concebido por Bourdieu como “hexis corporal” o sea, el lenguaje, las expresiones, la vestimenta, los gestos, posturas etc., todo un “conjunto de actitudes, representaciones y percepciones que tiene los sujetos sobre el cuerpo[17]”, algunos elementos lo expresan desde la antropología del cuerpo, la corpografía, la estética y discursos acerca del cuerpo de los condenados, en particular Foucault.

Por esta razón, se entiende la educación física como "... todo proceso de intervención -más o menos intencional y sistemático- a través del que se transmite y reproducen los modelos de comportamiento y de sensibilidad corporal de una cultura - con sus respectivos recursos técnicos, emocionales e ideológicos[18]

Una polisemia de saberes destinados a educar el cuerpo, un contenido “coherente” de definiciones y significaciones sociales y educativas que involucran lo convencional y lo emergente de las prácticas corporales.

Al mismo tiempo, la cárcel transfiere el conjunto de realizaciones culturales de una clase –guardias– los modus operandi de esa clase dominante aparecen como cultura dominante. Los comportamientos corporales en los presos incorporan visiones del mundo, significados y maneras de actuar convencionales.

“hay un conjunto de saberes sobre el cuerpo anclados en un esquema tal que los márgenes de pensamiento epocales forman todo un conjunto; pero hay otro subyacente que habita los manuales de procedimientos y otras literaturas menores. En estos últimos es donde, contrariamente a lo que se cree, el cuerpo no es ni fue solo objeto de preocupación de la ciencia natural[19]

Entonces, el cuerpo es un texto, “lugar en el que se inscriben las marcas culturales organizando y ordenando los actos y los efectos y que históricamente estas inscripciones han operado como regulaciones prácticas al servicio del régimen dominante[20]”, análogamente, con Foucault “la disciplina invisible, que impone a quienes somete principios de obediencia y docilidad, pasa a ser una mecánica de poder, una forma capilar de existencia, el punto en el que el poder se encuentra en el núcleo mismo de los individuos, alcanza su cuerpo, se inserta en sus gestos, actitudes, sus discursos, su aprendizaje, su vida cotidiana[21]”, es, cada vez más, exigente y selectivo.

Es interesante evidenciar que la lucha de intereses, la superposición de fuerzas, condicionan, el modus vivendi de la prisión, a través de ellos se plasman los fines de las prácticas corporales. Los intereses, algunos hegemónicos otros contrahegemónicos, los mecanismos de conciliación e imposición cultural, es decir, todo aquello que representa una tensión constante entre quienes son castigados y aquellos que les compete esa poco gloriosa práctica de castigar. Un perpetuo entrecruzamiento de interés para que el sistema carcelario continúe viviendo.

Finalmente, la discusión permea todas aquellas concepciones imperantes o emergentes del cuerpo, reconociendo sus realidades e interpelando todos esos detalles ignotos para enriquecer e interrogar la realidad, hasta, tal vez, como diría Marx “transformarla”.

5. Objetivos

5.1 General.

Comprender por medio de las incidencias de poder, las concepciones de cuerpo que subyacen en los discursos, representaciones y prácticas corporales, que tienen los guardias y presos; en la colonia penal agrícola de Acacias "Meta"

5.2 Específicos

  1. Identificar las posibles representaciones e imaginarios relacionados con el cuerpo, de acuerdo con las prácticas corporales dadas allí.
  2. Analizar y contrastar las representaciones e imaginarios con la incidencia de poder subyacente en las relaciones guardia-preso y preso-preso
  3. Ofrecer pixeles de entendimiento de cara a obtener nuevas miradas sobre el cuerpo y el poder que se gesten en lugares de confinamiento.



[1] MONTES DE OCA, Rodolfo. Anarquismo y cárceles. Pixeles para entender la critica antiautoritaria y abolicionista a las prisiones. En http://issuu.com/indubioproreo/docs/anarquismoycarceles,

[2] Dirección general del sistema penitenciario. En http://www.sistemapenitenciario.gob.pa/submenu.php?cod=25&id=.

[3] Ibíd.

[4] MONTES DE OCA, Rodolfo. Óp. Cit pág. 2

[5] FOUCAULT. Michel. Microfísica del Poder. Las prácticas corporales en la educación física

Como posibilidad de vivenciar la corporeidad. En: yamakasi.blogspot.es/img/compartir2008.doc -

[6] FRIEDRICH Nietzsche “Ecce homo” Cómo se llega a ser lo que se es. Prologo 3ª parte. En http://www.librosgratis.org

[7] PLANELLA Jordi Pedagogía y hermenéutica del cuerpo simbólico. En http://www.revistaeducacion.mec.es/re336/re336_11.pdf. PP. 189-201.

[8] SALINAS Lola. La construcción social del cuerpo. En www.reis.cis.es/REISWeb/PDF/REIS_068_06.pdf - Octubre- Diciembre de 1994. Monográfico entre perspectivas en sociología del cuerpo.

[9] FOUCAULT. Michel. La verdad y las Formas Jurídicas. En http://e-learning-teleformacion.blogspot.com/2009/04/enlce-revista-venezolana-de-informacion.html. Enl@ce revista venezolana de información tecnología y conocimiento. Vol. 6 (2009) Nº 1 (Enero-Abril).

[10] Ibíd.

[11] PLANELLA Jordi. Óp. Cit. Pág. 5

[12] Ibíd.

[13] TAMARIT. J. “Educar al soberano: critica al iluminismo pedagógico de ayer y de hoy”. Miño y Dávila Editores. En http://lapampaenmovimiento.blogspot.com/2007/05/educacin-fsica-cuerpo-y-poder.html

[14] TAMARIT. J. Ibid. Cita a Williams. R: 24

[15] FOUCAULT. M. Microfísica del poder versión digital Edición y traducción de Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría

[16] BOURDIEU, P. Ibíd. 1983: 105

[17] BOURDIEU. P ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos, Madrid, AKAL, 1999. Sobre la televisión, Barcelona, Anagrama, 1997. En http://www.comfer.gov.ar/documentos/pdf/lenguajetv.pdf

[18] PEDRAZ. Miguel Vicente: "La mirada del otro; escuela, cuerpo y poder". Revista Novedades Educativas. Año 16- Nº157. Enero de 2004: 7.

[19] FOUCAULT. M (2002), Vigilar y castigar. Buenos Aires, Siglo XXI.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

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